viernes, enero 01, 2010

DIMENSIÓN DE LOS CRONISTAS


El quehacer de los cronistas es complejo, suele ser en ocasiones incomprendido, restado en su magnitud e importancia. Ser cronista es una distinción especial, con una misión no solo específica sino trascendental en la vida de la sociedad.

No se trata de solo “hacer crónica”, registrar los acontecimientos que van marcando el rumbo social dejando profunda huella en su transformación, se trata sí, de registrar la crónica, pero también de ser el principal factor en la indagación, en el resguardo y la difusión de la historia y cultura local misma.

Indagar, resguardar y difundir, puntos motores en la actividad cotidiana del cronista, un ejercicio carente de fijos horarios y protocolos administrativos, quehacer constante que suele generalmente tener nocturnas fatigas e insomnios inspiradores que se tejen con tazas de café y monólogos confusos.

Al fin humanos, igual que los demás, resultado de lo que se ha leído, sí, en verdad, somos lo que hemos leído y esto lo reflejamos hasta por los poros de la piel que nos envuelve, lo denotamos en los actos propios y en los de intercesión con el resto social.

Investigador incansable, lector empedernido, autodidacta por convicción, frío y apático ante sucesos triviales, espectador social con la mirada fija en lo que sucede; para no dejar escapar nada, reconstructor de sucesos, atador de cabos sueltos y ordenador de circunstancias y episodios que la evolución social deja en el olvido a consecuencia de su presurosa e incierta marcha.

Si bien cierto es, que el cronista se nutre de la tradición oral y con testimonios de partícipes directos, también certero resulta mencionar que existen herramientas claves en este desempeño, la literatura impresa, desde libros hasta folletos, adelantos tecnológicos como los portales virtuales son imprescindibles para acceder a información que habrá de fortalecer el criterio en la divulgación de sus aportaciones literarias.

Se anda, a un ritmo propio, perdido de las exigentes miradas y de peroratas insistentes que reclaman su presencia o su encierro burocrático, se anda, pretendiendo pasar desapercibido para no ser molestado, mezclándose con el común; algo poco común, se marcha entre deleites exhibidos en museos, entre sorpresivas e inesperadas emociones contenidas en pequeñas o espaciosas bibliotecas, entre los estantes de una hemeroteca o el frío motivador de una fototeca, se anda lento pero firme.

Nuestra local historia es un mosaico gigante, de él, día con día localizamos piezas que con la debida orientación incorporamos delicadamente en el amplio espacio del que se dispone, también, se suelen tomar falsos fragmentos que al no encajar son tardíamente desechados, errores de humanos, pues creo firmemente que nos asiste el derecho a equivocarnos; lo preocupante sería hacerlo constante y no tener el valor de reconocerlo.

Un cronista que no escribe no es cronista, un cronista que no lee no es cronista, un cronista que no investiga no es cronista, ser cronista requiere tiempo completo; entendamos, no existen los cronistas de medio tiempo y de fines de semana, cuando cronista se es, se es y punto.

Su parcial inspiración la obtiene de su amante la historia, a ella le roba fragmentos, episodios, instantes preciosos de calidez única, sus románticos susurros se transforman en letra viva del quehacer crónico, los suaves coqueteos candentes son una especie de condimentación literaria que se desliza entre líneas, se adentra entre párrafos conteniendo la respiración hasta toparse con el punto y aparte.

Con la historia el más tórrido de los romances, el perpetuo enamoramiento que de vez en vez, brinda frutos deliciosos a miradas atrevidas que degustan la lectura, aquí no existen las renunciaciones; disponemos del requerido tiempo y el espacio es todo nuestro, no hay límites, fronteras, topes ni retenes que malogren la iniciativa de la actividad creadora; aunque a decir verdad, es el estado de ánimo quien mueve los hilos del sensible motor de la inspiración.

TAMBACA


Tambaca, población importante dentro del municipio de Tamasopo, es un lugar con una enorme historia; aún más allá de las encomiendas o las haciendas. El inicio de Tambaca se pierde entre los asentamientos huastecos que penetraron en la zona de “Gallinas”, su significado es tének y significa: Tam = lugar y, bacam = tortilla; literalmente, “Lugar de la tortilla” o “Lugar donde abunda la tortilla”, y fue quizás un sitio clave en los independientes señoríos huastecos alrededor del año 800 de nuestra Era; en la circunferencia natural del valle de “Gallinas”.

En Tambaca se han encontrado restos arqueológicos importantes que denotan una grandeza cultural sin precedente en la región, algunas piezas prehispánicas abandonaron circunstancialmente el subsuelo para deslumbrar y dejar atónitos a pocos afortunados que lograron observar magníficos fragmentos.

Grandes e importantes personalidades en el estudio arqueológico han realizado observaciones en la región huasteca y su zona de influencia que se llegó a extender hasta Guadalcazar, sin embargo, Tambaca pasa desapercibida; cierto que, no existen montículos, y si es que los hubo; estos fueron destruidos, pues no aparecen registrados en ninguna relación de estudio de campo. Solo don Joaquín Meade en su obra “La Huasteca” menciona la existencia de algunos cúes en las cercanías de Tamasopo y algunos otros en Rascón (Damián Carmona), lo anterior, nos permite deducir que este asentamiento fue tan antiguo que escapa a los registros efectuados desde la época Colonial y posteriores pues su estructura habitacional o ceremonial no sobrevivió, posiblemente, a un saqueo, a una invasión o al ocultamiento o destrucción intencional.

No hace mucho tiempo, existían en Tambaca una buena cantidad de nacimientos que irrigaban con su dulce líquido las partes Noreste y Este del lugar, estos brotes fortalecen la propuesta de que este asentamiento practicaba una agricultura permanente, y por la etimología, su principal cultivo era el maíz.

La pieza quizás más transcendente encontrada, es una escultura con relieve en dos de sus tres caras, en la principal, se aprecia la representación de Ehécatl; deidad del viento, fuertemente vinculada a Quetzalcóatl (existen versiones que sustentan el origen de Quetzalcóatl en la región huasteca). La representación del Dios se encuentra claramente visible en posición sentada, sus piernas extendidas y una de sus manos sostiene una especie de incensario, su rostro cubierto con una máscara de la cual sobresale un pico de ave que simboliza el viento, la máscara tiene un orificio que deja libre la vista, la cabeza se observa cubierta por un gorro o penacho; no es el clásico cónico gorro huasteco.


En la otra cara con relieve, entre varios signos o símbolos, se encuentra una mazorca de maíz, reafirmando una vez más, el origen de su denominación. Otra distinguible forma representada es la que simboliza a el agua; abundante en la región.

Algunas versiones de trabajadores que laboraron en las excavaciones para construir lo que ahora es la Secundaria Técnica # 34, afirman haber encontrado figuras prehispánicas las cuales fueron conservadas por los encargados de la obra; estas piezas, obviamente, desaparecieron. La zona en donde se ubica este edificio escolar fue parte integral del complejo huasteco que floreció en Tambaca, pues los arroyos se localizaban en las partes Norte, Este y Sur, muy cercanos al terreno del centro educativo, el sitio no era de cultivo, más bien, fue quizás la parte habitacional por su ubicación superior de la ligera pendiente que concluye precisamente, en los arroyos.

La pieza Ehécatl, fue encontrada al Norte de estos arroyos, a escasos 200 metros. También, accidentalmente, han surgido piezas sencillas que bien pudieran clasificarse en un Periodo Formativo próximo al año 200 de nuestra era, fase cultural en donde predominaba la simplicidad en la elaboración estética de cerámica con tonalidades preferentemente en rojo y negro.

En contraste, la pieza Ehécatl, por sus características propias, pertenece a una Fase del Período Posclásico, cuando son introducidos algunos elementos artísticos en el arte huasteco; sobre todo, la incorporación del elemento del pico de ave para simbolizar a Ehécatl, al igual, el estilo de curvas en las esquinas de edificios ceremoniales, ya en la octava centena de esta nuestra romántica Era.

Aquí y allá, en manos, repisas, baúles o vitrinas, seguramente se encuentran muestras arqueológicas que comprueban la innegable existencia de un glorioso pasado en Tambaca, piezas ocultas a la luz que en su conjunto brindarían el maravilloso legado de estos milenarios habitantes que solían encontrarse entre la abundancia de tortillas.

DULCE HERENCIA JESUITA


Con una enorme tradición cañera, el municipio de Tamasopo ostenta no solo la batuta de esta actividad económica en el Estado, teniendo a Tambaca como centro vital de esta acción. Es también, origen de la evolución demográfica y social del municipio.

Es la actividad que proporciona equilibrio en la economía de la región, parte de los municipios de Ciudad Valles, Aquismón, Rayón y Alaquines, son productores de caña de azúcar que encuentran en el Ingenio “Alianza Popular” de Tambaca, el punto receptor de sus cultivos; claro que, es Tamasopo municipio quien brinda el más alto porcentaje de la materia prima para la dulce manufactura.

La caña de azúcar, introducida a la región por los encomendaderos Francisco Barrón y Diego de Castañeda alrededor de 1550, mismos cultivos que eran procesados para obtener piloncillo a un nivel precario pues la actividad preponderante de estas encomiendas era la ganadería.

Mencionadas encomiendas, ubicadas al Sur del territorio municipal, se encontraban enclavadas en la Sierra Madre Oriental en donde el relieve poco favorece el desarrollo de la gramínea.

La auténtica introducción vista como medio de producción económica la efectúa la Compañía de Jesús en los inicios del siglo XVIII, cuando el Coronel José de la Puente y Peña Castrejón y Salzines, marqués de Villa Puente y, su prima doña Gertrudis de la Peña; marquesa de las Torres de Rada, les donan la amplia zona que iba desde el Valle del Maíz hasta la Villa de los Valles, zona dedicada a la explotación cañera para después con el piloncillo acrecentar sus ingresos financieros para subsidiar sus misiones en las Californias.

Estos benefactores además de la hacienda del Buey, donan la hacienda de San Agustín de los Amoles a los mismos jesuitas.

Son los Jesuitas quienes vislumbran en esta actividad un futuro alentador, actividad primaria que congrega mano de obra; es decir, trabajo. A diferencia de la penetración Franciscana que no pudo ofrecer a los indígenas los medios para desarrollarse una vez establecidos y congregados en sus misiones.

Esta Hacienda de caña fue nombrada San Ignacio del Buey, tenía una extensión territorial de aproximadamente 465 075 hectáreas, mismas que, con la visión progresista de la Obra Pía de las Californias arraigó el cultivo en el corazón de la población.

La enorme hacienda era administrada por religiosos franciscanos residentes en Santiago de los Valles pertenecientes a la Custodia de Tampico; fray José de Caballero y fray Juan de Ularia.

Juan Caballero, fue el primer propietario de ésta hacienda y cuando muere la hereda el doctor Joseph de Torres quien la vende a los jesuitas; que como hemos mencionado, altruistas adinerados cubren el costo económico.

Cuando en 1767 los Jesuitas son expulsados del país, todos sus bienes pasan a formar parte de una especie de concesionaria gubernamental llamada “Ramo de Temporalidades” que se encargó de rentar o vender esas extensas propiedades. En el caso de esta Hacienda, primeramente fue rentada a La Empresa de Tabacos y en 1842 vendida al guatemalteco José Domingo Rascón quien invierte sumas considerables para acrecentar aún más la producción piloncillera.

Para este momento, la Hacienda a cambiado de nombre, ahora se llama Hacienda Rascón, de igual manera, posee enormes sembradíos de caña de azúcar y miles de cabezas de ganado mayor.

Joaquín Meade, en su “Historia de Valles”, menciona: “Siguiendo el relato diré que pasó el tren por Crucitas, de donde siguió la comitiva su camino hacia el casco de la Hacienda de Gallinas, propiedad de los señores Rascón. La Hacienda citada estaba situada en la cumbre de una loma. A sus pies se hallaba el Ingenio para moler caña de azúcar. Una caída de agua de 16 metros que caía sobre dos turbinas, producía la fuerza motriz necesaria para mover la maquinaria. Había cuatro kilómetros de vía de ferrocarril, desde el Ingenio a los cañaverales. Pasaron allí la noche y, a la mañana siguiente, en el mismo tren especial, regresaron a Abra de Caballeros, hoy Micos …” (Meade, 1960: 456).

Cuando en 1893 fallece el señor José Martín Rascón hereda doña Cora Rascón quien a poco tiempo muere dejando sus bienes a la menor de edad Alicia Warren y Rascón, esta niña fue adoptada por el doctor George F. Lee quien a su nombre administra las propiedades. Tiempo después, Alicia Warren renta la Hacienda Gallinas a O. D. Jones, accionista de La Compañía Manufacturera y Desarrolladora; que a su vez, era la dueña de la Río Tamasopo Sugar Company que se estableciera en Agua Buena.

Por cierto, José Martín Rascón, hijo menor del señor José Domingo, tiene un especial lugar en la historia diplomática de México, pues siendo Diputado por San Luis Potosí es enviado en 1888 por el gobierno porfirista a Japón, para que se encargara del inicio de las relaciones internacionales entre ambas naciones.

Es en la administración del señor Jones cuando sucumbe la producción piloncillera de la vieja hacienda Rascón, esta fue saqueada y quemada por cabecillas regionales seudo revolucionarios que al pretender extorsionar económicamente a Jones fracasan en sus intenciones auto obligándose arrebatadamente asumir la vulgar y corriente actitud de bandoleros; terminando así, con los cimientos históricos, económicos y sociales de esa gran y hermosa región que floreció a los márgenes del Frío o Gallinas.

Para principios de 1900 había por toda la región innumerables trapiches que elaboraban el piloncillo que tenía enorme demanda, aún se recuerda, por mencionar, a don José María Torres quien poseía su negocio en la esquina de las actuales calles de Hidalgo y Madero, en la cabecera municipal, donde compraba las pequeñas producciones de piloncillo a los “trapicheros”; ésta actividad el señor Torres la desempeñó hasta los años sesentas. El trapiche ubicado en las cercanías de Las Cascadas de Tamasopo era uno de ellos; aunque a diferencia de muchos, este utilizaba una rueda que con fuerza hidráulica generaba energía para movilizar el rudimentario mecanismo del trapiche.

Después de los años treintas, en toda la región de lo que antes fuera la vieja hacienda de los Rascón, los sencillos trapiches para producir piloncillo se multiplican extraordinariamente, es así como Damián Carmona y sus Fracciones adquieren una ganada fama que gracias a sus molinos, impulsan a la población en una aventura productiva que logran sostener recién entrado los años setentas. Esta nada despreciable producción piloncillera era colocada en Ciudad Valles en donde era comercializada y distribuida hacia otras regiones del país.

Con el establecimiento de la Sugar Company en Agua Buena, reinicia toda una gran tradición, el movimiento generado por la “zafra”; pero sobre todo, la transformación del proceso industrial pues a partir de aquí, nuestra historia se resguarda en pequeños sacos que también evolucionan dejando atrás la otra herencia que se envolvía en paja y que, siglos atrás, iniciaran los jesuitas.

Sugar Company Río Tamasopo, Ingenio Agua Buena, monstruo industrial que diera vida demográfica a la región y que lograra convertir a esta población en una de las más sólidas en su estructura social, económica y agraria. Pero ello, es ya otra historia.

SAN NICOLÁS DE LOS MONTES: LA MISIÓN


El actual territorio perteneciente al municipio de Tamasopo, fue receptor de tres avanzadas misioneras que los Franciscanos efectuaron como parte de su proyecto evangelizador de la zona.

La primera se ubicó en Tampasquín y en La Palma la segunda, la que ahora nos ocupa, en San Nicolás de los Montes. En 1691, el padre Martín Herrán logra de las autoridades virreinales el financiamiento de una misión fija en esta población indígena, petición que le favorece por corto tiempo, ya que posteriormente el subsidio les fue retirado logrando con ello el abandono temporal de la presencia religiosa en San Nicolás.

Pero mientras eso ocurrió, San Nicolás de los Montes contaba con párroco propio quien les procuró el conocimiento religioso fundamental para su administración espiritual, de igual manera, el predicador fray Diego García defendió de abusos continuos que los pames sufrían a manos de pasajeros, pastores y personas mestizas que transitaban por el camino Real que unía a la Purísima Concepción del Valle del Maíz con Villa de los Valles, éste camino Real, pasaba por San Nicolás de los Montes y de ahí a la Hacienda del Buey; propiedad de los jesuitas californianos (hoy Damián Carmona), para posteriormente tocar el actual Micos.

A mediados del siglo XVIII reinicia la actitud evangelizadora de los misioneros ya que la población; de acuerdo a su visión, había caído en las garras del demonio, cobijando a todo aquél que huyendo de su lugar de origen encontraba en San Nicolás de los Montes el lugar ideal para vivir contra las leyes de dios y del hombre.

Decían los misioneros que, a falta de autoridades civiles y religiosas, los indígenas vivían a sus propias leyes y, tomando lo que les placía y como les placía. Por ello, era obligación su presencia para desterrar las prácticas de los naturales.

El aspecto más motivador que incitó a los Franciscanos de arraigarse en San Nicolás de los Montes fue la practica del incesto que los naturales efectuaban sin problema legal ni religioso alguno; actitud acostumbrada por la sociedad no evangelizada que sin remordimientos ni prejuicios morales practicaba el “monstruoso incesto” sin que nadie se opusiera.

Sobre este aspecto, solo es cuestión de revisar diariamente los periódicos de circulación regional para percatarse que el incesto se continúa practicando entre indígenas e igual que en lejanos tiempos; causan expectación morbosa y reprobatoria de la sociedad; aunque, a decir verdad, el acto en mención no tiene exclusividad étnica, social o económica.

El extraordinario escritor Deepak Chopra, en “La Paz es el camino”, describe a la negativa social con tendencia hacia esta práctica y su total prohibición como una estrategia de sobrevivencia, un aspecto que proliferó en el patriarcado para disminuir la competencia con las jóvenes generaciones y salvaguardar los bienes económicos que poseía el patriarca; las mujeres entre ello.

Esta practica fue común entre viejas familias adineradas que encontraban en el incesto la garantía de que sus bienes quedaran entre familia, así, de esa forma, arreglaban los matrimonios entre sus hijos y sus sobrinas; por mencionar.

Claro que, nuestros abnegados pames pues, ni dineros, ni riquezas, tierras, ni linaje real; entonces no había estrategia económica. Lo que sí persiste hasta los actuales días, es la abundancia en toda la región étnica del Ejido La Palma, el apellido “Castillo”; quizá fruto del fruto, del fruto que dio fruto, al fruto del fruto.

SOBRE LA MISIÓN DE SAN NICOLÁS DE LOS MONTES ALAQUINES


Construida con rocas de río, areniscas, comúnmente llamadas de “sarro”, la Misión de San Nicolás de los Montes Alaquines se erige imponente ante las inclemencias naturales que por más de cien años han golpeado su estructura, aunque el daño severo no lo ha causado la erosión sino la actitud humana.

Auténtico legado de la presencia Franciscana en América, este templo – misión, único en su tipo, guarda pocas similitudes con el resto de su generación; aún con el considerado hermano o gemelo, el de San Nicolás Tolentino.

En sus gruesos muros, si se observa con detenimiento, se podrán apreciar helechos, hojas y sencillas ramas petrificadas sobre el relieve de los fragmentos extraídos de los arroyos para con ellos levantar el edificio.

De igual manera, no es de sorprenderse que restos de conchas y caracoles; aún diminutos, sean parte de la argamasa sólida que cohesiona la construcción.

Estas rocas, sumamente porosas, son ligeras en comparación con otros materiales utilizados por los franciscanos en otros sitios; aunque pareciese que usaban lo que el medio les proporcionaba, en La Palma se usó madera y adobe, en Cuidad Valles además de la madera y adobe se uso gran cantidad de piedra de corte o lajas, cierto, cada templo con características propias. El de San Pedro y San Pablo Tanlacú; bellísimo.

Al observar las dimensiones del área en San Nicolás de los Montes, es cómodo suponer una organización del complejo religioso, una extensa superficie en donde existían jardines y huertas; mismas que incluían parte del arroyo que se desplaza en las cercanías.

El empaste utilizado para el revoque es una mezcla de caliza y arena suave. No hace mucho tiempo, llegó a mis oídos la versión de que a manera ritual, habían empleado leche de burra para hidratar el compuesto. No he querido desechar tal aseveración pues, por ejemplo, hemos sabido de quienes confiesan haber sido alimentados en su infancia con leche de burra, otras generaciones más recientes lo fueron con leche de vaca; claro que, sin secuelas secundarias científicamente comprobadas; solo rumores, rumores.

Irónico o no, lo curioso es que, en los tiempos en que se edifica el templo existe en San Nicolás de los Montes una por de más envidiable cantidad de ganado asnal.

Lleno de detalles, el templo en honor a San Nicolás de Bari se erige señorial, majestuoso ante los ojos de los visitantes que arriban al pueblo y lo primero que confiesan es aceptar la percepción de un ambiente añejo, una formidable sensación de andar por calles que callan un agitado pasado, el aire puro y refrescante a más de mil metros de altura junto con la flora permanente se transforman en delicia que al inhalar profundo las imágenes del paisaje se introducen en la memoria para no abandonarla jamás.

Esta misión atendía una feligresía de 855 almas en 1819, hoy en día, la población total desciende a 367.

De esa población recién iniciado el siglo XIX, 230 eran de origen español, 613 entre indios, castizos y mestizos y, 12 de origen africano. 436 hombres y 419 mujeres.

FAUNA EXTINTA


Con nostalgia, muchos habitantes del municipio aún recuerdan a la nutria de agua dulce que tranquila recorría los ríos; incluso la acequia grande en Agua Buena fue uno de sus rincones preferidos. Este pequeño mamífero fue nombrado como “perrito del agua” y desapareció de nuestra zona recién ingresados los años sesentas. El sobrenombre no es errado, perro en tének se dice “pico”; Tan – pico, lugar de perros, obviamente perros de agua. Su alimentación consistía en pequeños peces, ranas y cangrejos; igual, abundantes en esos tiempos.

Tanzú, nombre de peculiar animal endémico que habitaba la Sierra Madre Oriental y sus estribaciones desde Puerto Verde hasta Agua Puerca, igualmente habitaba en los bosques que anteceden a Las Guapas. Sobre este animal, el Licenciado José Francisco Pedraza Montes, en sus sinopsis históricas de los municipios del Estado de San Luis Potosí, menciona: “En el municipio de Tamasopo había, sobre todo en la sierra de La Palma un animal cuadrúpedo llamado tanzú, era del tamaño de un perro, tenía la cabeza de forma como de un caballo y la cola prensil como la de los monos. Inclusive hay fotografía o litografía de este extraño animal verdaderamente curioso y todavía se le podía encontrar en la sierra de La Palma en la segunda mitad del siglo pasado, quizá ya haya desaparecido”.

Al decir: “siglo pasado”, se refiere al siglo XIX.

Existen muchas especies amenazadas, al borde de la desaparición. La rana criolla, la Barragana o rana gigante americana, la tortuga, el cangrejo, el lagarto de pantano, el guajolote silvestre, la iguana; por mencionar.

Aún es tiempo de actuar, de participar conscientemente para que estas especies no se conviertan en lamentables recuerdos. Detener la caza furtiva y disminuir considerablemente el uso de químicos agresivos en los cultivos cañeros.

CON MOTIVO DEL LXXV ANIVERSARIO DE FUNDACIÓN


Este 5 de diciembre del 2007, el municipio de Tamasopo llega a sus 75 años, un cuarto de siglo que ha sido testigo de importantes cambios en su estructura global, en su composición. Nace en 1932, pequeño, débil, pobre y sin infraestructura. También se comporta disciplinado y fiel obediente a los intereses de los caciques estatales; como recompensa a su conducta, a sus XV años, el gobierno estatal lo premia anexándole el municipio de San Nicolás de los Montes y de Agua Buena.

A partir de este momento, Tamasopo se perfila como una entidad fuerte y pujante; aunque discreta, llena de espacios y de oportunidades; con inherentes restricciones.

El amplio municipio ha pagado el precio al intentar encontrarse para después encontrar la ruta que le proporcione estabilidad, armonía y progreso, vía que le permita no solo existir sino vivir en pleno goce de sus facultades civilizadas.

En 75 años, se han atestiguado acontecimientos importantes; quizás propios de una entidad en evolución, se han recibido fuertes golpes, desastres naturales, crímenes, nacimientos altruistas con prematuras decadencias, desarrollo comercial, apertura de medios para que otros medios circulen, ampliación desmedida de áreas para el dulce monocultivo, el nacimiento de más centros de población, se han modificado patrones conductuales en las relaciones obrero – empresario, jornalero – ejidatario, gobernantes – gobernados, de igual forma, en el terreno de la política todo ha cambiado, ahora el voto es individual y no “colectivo”.

En estos 75 años, dejamos de ver funcionar el tren de pasajeros, se acabó la gloria dorada de Agua Buena, Tambaca se consolidó como irrefutable centro económico e industrial en el municipio, se activó la comunicación terrestre entre los principales puntos demográficos con las ciudades cercanas, se introdujo telefonía, red eléctrica, drenaje, además de otros esenciales servicios públicos para que la población acceda a ellos, se presentó la alternancia de partidos políticos al frente de la administración del H. Ayuntamiento.

La siempre presencia de huracanes, ciclones o como suelen llamarles al día de hoy: fenómenos meteorológicos. Los descarrilamientos del tren, los incendios fuera de control durante la zafra, los accidentes carreteros en tiempo de lluvias, los días de San José Obrero, San Isidro Labrador y 12 de octubre, las románticas declaraciones de coqueteo a los pames en tiempos de campaña electoral, la afluencia turística, los menos pobres y nuevos adinerados, los más pobres y viejos sin dinero, la rabia en las vacas, los perros callejeros, la basura que desechamos los humanos, la basura que quisiéramos desechar, las aguas negras, la corrupción, la prepotencia, la religión, las escuelas, los falsos redentores, entre tantas y multicolores actitudes y acontecimientos, todo ello, parte de nuestra historia; en éstos 75 años.

ESTACIÓN RASCÓN

EL ORIGEN   El surgimiento de Estación Rascón tiene origen en la necesidad de la Compañía del Ferrocarril Central Mexicano de contar c...